Karate clįsico

2009-06-24

KARATE CLÁSICO: LA PARTE OCULTA DEL KARATE TRADICIONAL
Tesina elaborada para examen de 5º DAN
Autor: José Manuel García Nieves


I.-   Introducción

II.-  Kárate deportivo. Las posibilidades físicas

III.- Kárate tradicional. La exaltación de los valores

IV.- Kárate clásico. Las “claves” ocultas.

    1.- Razones e indicios de su existencia.

    2.- La  verdad que esconden sus técnicas.

    3.- La razón de su desconocimiento.

a)    Los prejuicios étnicos.

b)    Motivaciones históricas.

c)    La tradición en la enseñanza.

d)    Diversos niveles de comprensión.

e)    Mantener la dependencia de los creadores





I.- Introducción

        Desde que empezamos a practicar kárate, aprendemos a diferenciar perfectamente el Karate tradicional del Kárate moderno (o deportivo), ya que ambos  se diferencian, no solo en el protocolo y técnicas utilizadas sino también en los accesorios necesarios para su práctica. Son los dos tipos de kárate que estamos acostumbrados a practicar en los gimnasios.

    Ahora bien, si hablamos de kárate clásico y kárate tradicional, la diferencia ya no salta tanto a la vista, y me atrevería a decir que, durante un largo tiempo de nuestro aprendizaje no somos conscientes de la misma.

    Con este trabajo he intentado plasmar algunas de las ideas extraídas de la poca bibliografía a la que he tenido acceso, ya que la bibliografía es escasa,  así como las experiencias personales vividas durante estos últimos años practicando esta versión del Kárate, la clásica, una versión diferente y por muchos quizás desconocida. Tengo que reconocer que si bien el kárate deportivo y el tradicional han estado presentes en mi entrenamiento y enseñanza durante mis 25 años de dedicación, con el paso del tiempo las capacidades físicas se van perdiendo  y otros más jóvenes y dotados nos provocan serios problemas sobre todo en la práctica deportiva. La competición va quedando a un lado y nos refugiamos en la enseñanza. Se cierra una puerta pero se abre otra. El descubrimiento desde hace algunos años de esta  versión del kárate y su aplicación a la defensa personal,  ha venido a rellenar un hueco que cada vez se iba haciendo más grande en mi interior. Mi ilusión e interés por la práctica diaria se ha renovado totalmente gracias a la parte “oculta” del kárate tradicional: el llamado kárate clásico.

II.-  Kárate deportivo. Las posibilidades físicas

El kárate deportivo representa, en un sentido amplio y general, la exaltación de las posibilidades físicas del hombre. Es el kárate que surge a partir de 1945, desarrollado como un deporte y cuya filosofía es “ganar la competición”. Las técnicas han sido adaptadas a las exigencias de las competiciones las cuales salvaguardan la integridad física de los contendientes prohibiendo técnicas peligrosas e introduciendo protecciones. Es, pues, un kárate desvirtuado, siendo esta versión la que a mí entender se distancia más del verdadero kárate original. Aún así, su práctica responsable produce beneficios nada desdeñables como son la mejora de la velocidad, resistencia, potencia, reflejos, etc.    

III.- Kárate tradicional. La exaltación de los valores

El kárate tradicional,  representa el cultivo de los valores éticos y morales del individuo, la exaltación de la no competición, y el trabajo del kata como herramienta de progreso. Este kárate se desarrolló principalmente durante el período que va desde 1868 a 1945, coincidiendo con el abandono de las artes marciales clásicas empleadas en los cambos de batalla. Pero en esta versión de kárate, los practicantes se ven obligados a participar, a menudo, en competiciones de katas en las cuales “la perfección del gesto ha reemplazado a la verdadera comprensión del significado, mientras que el conocimiento no profundizado de tantas katas ha sustituido a la verdadera comprensión de una sola kata”. Estamos ante un kárate que como el deportivo, trabaja las posibilidades físicas del individuo pero que añade un factor importante en cuanto a que prioriza unos valores que desgraciadamente no abundan en la competición y que se materializan con el trabajo generalizado de los katas que son un excelente ejercicio mental, aumentando la atención, concentración y autodisciplina, todos ellos elementos indispensables en la progresión de la “Vía del Kárate”, pero desgraciadamente insuficientes. Falta una parte importante en todo esto que estamos diciendo, tan importante como que es la razón de ser y el verdadero sentido original de nuestro arte y no es ni más ni menos que el vínculo con la defensa personal, ya que el karate tradicional se queda en la superficie del significado gestual de la técnica, sin profundizar en la misma y sin buscar lo que realmente querían transmitirnos los maestros de otros tiempos.

    Es por ello, que sintiendo la necesidad de buscar algo que rellenase ese vacío que muchos hemos sentido en la práctica del kárate, la hemos encontrado en la versión más antigua del mismo: el  Kárate clásico.

IV.- Kárate clásico. Las “claves” ocultas

    El kárate clásico, representa un método de defensa que busca la eficacia total en todas las formas de combate. Es el kárate original desarrollado antes de 1868 y en el que el practicante no aprendía solamente a dar atemis, sino también a ejecutar proyecciones (nage-waza), luxaciones (katsetsu-waza), estrangulaciones (shime-waza), sueltas de presas efectuadas con ambas manos (hazushi waza), sueltas de presas a las muñecas (teodoki) y la lucha cuerpo a cuerpo (katame waza)  en todas las distancias. Bajo la perspectiva del kárate clásico, las técnicas contenidas en los katas se han desarrollado principalmente como maniobra de luxaciones articulares, proyecciones, estrangula-ciones, atemis,  presas, agarres, etc. no quedándose simplemente en la aplicación literal que le da el kárate tradicional.

Hay que aclarar que el kárate clásico, el tradicional y el deportivo no son tres kárates diferentes sino que son tres versiones distintas de un mismo kárate, el llamado clásico, único y auténtico, y al que se han ido modificando o eliminando distintas características que lo han ido convirtiendo en lo que hoy conocemos por kárate tradicional y kárate deportivo.

A partir de aquí vamos a analizar los indicios y motivos por los que podemos pensar que efectivamente ha existido el llamado kárate clásico, cuales son las “claves” para interpretar sus técnicas en comparación con la interpretación que les da el kárate tradicional y por qué razón o razones no ha llegado a nosotros de una forma clara y completa.

Solamente aquel que disponga de las “claves” de lectura idóneas podra interpretar correctamente las técnicas de los katas. En eses momentos, estará practicando la versión más clásica del kárate.
    
1.- Razones e indicios de su existencia.


    1.1.-  Las distintas situaciones del combate han tenido que ser incorporadas a los katas.
La interpretación literal de las técnicas de los katas, tal y como hace el kárate tradicional, no resultan de aplicación efectiva ante situaciones reales de combate. Al ser un arte de combate tiene que adaptarse a cualquier situación del mismo. Es decir, debe solucionar todo tipo de acciones de ataque o defensa. Ésta no tiene porque ser simplemente un golpe de puño, pierna, codo, etc. como estamos acostumbrados a ver en los katas,  sino que en el combate pueden surgir situaciones en las que nos agarran, caemos al suelo, nos intentan estrangular, etc, y como los katas son un compendio de acciones de combate, han tenido que incorporar en su repertorio técnicas que resuelvan dichas situaciones, aunque dichas técnicas, por diversos motivos, no se vean a simple vista sin la “clave” adecuada.
Por ejemplo: Cuando  analizamos los katas buscando técnicas de defensa personal, es imprescindible que reconozcamos que ambas manos están siendo  utilizadas en las técnicas. Es muy improbable que se tuvieran las manos en una posición tal que dejara una mano inútil. Igual que intentaríamos emplear ambas manos en una situación de entrenamiento en kumite, deberíamos recordar  que en defensa personal intentaríamos maximizar nuestra capacidad defensiva utilizando eficazmente todas las partes de nuestro cuerpo. Comprender los katas no presenta mayor problema: sólo requiere una “llave”, una “clave”.  ((((NO ESTA MAL BUSCAR ESAS CLAVES EN OTROS ARTES MARCIALES”))). La llave o clave para comprender los katas es en realidad bastante sencilla. Cuando nuestro proceso de pensamiento se libera de las combinaciones parada/puñetazo, se adquiere la capacidad de contemplar las técnicas a una luz distinta. Algunos puntos clave para comprender los katas son:
Cada movimiento de un kata está pensado para provocar daños corporales graves a nuestro adversario en la menor cantidad de tiempo posible. Siempre que nuestra mano se extienda para “parar” un movimiento agresivo de nuestro adversario, se debería estar golpeando o agarrando puntos vitales, lo que tendrá el efecto de detener o desviar el ataque de nuestro  contrincante. Si se ha golpeado o agarrado con precisión un punto vital, se provocará dolor, parálisis temporal, luxación de la articulación o un KO.
- En las técnicas de defensa personal se emplean dos manos. Cuando alguien nos lanza un puñetazo o una patada, nuestra tendencia natural  es la de emplear ambas manos como maniobra defensiva. Muchas técnicas sugieren que ambas manos se empleen simultáneamente, una para golpear un punto vital de la extremidad atacante y la otra para golpear puntos del cuerpo. O bien, una mano podría emplearse para desviar el ataque dirigido contra nosotos y la otra a fin de asegurar un agarre para aplicar una llave o proyección.
- Los puntos vitales se utilizan siempre en nuestra defensa. Hay que tenerlo presente cuando agarramos el  brazo o la muñeca de un adversario en una situación de defensa personal.  La mano caerá invariablemente cerca de puntos que  podrían emplearse para provocar una respuesta de dolor en el adversario. Parece imprudente no hacer uso de esos puntos. El único modo de ser capaz de aplicar estos puntos en una situación de defensa personal será practicarlos continuamente en el dojo.
El trabajo específico a los puntos vitales, es una asignatura pendiente de nuestro arte marcial, pero necesario si realmente queremos ser efectivos en el combate.
    Cada movimiento de un kata tradicional posee el potencial de ser una técnica eficaz de defensa personal. Descubrir sus secretos requiere una comprensión de los puntos vitales y de su función en conjunción con una amplia base de información sobre diversos sistemas de artes marciales.

    Esta forma de analizar los bunkais de los katas, basada en aplicaciones de técnicas de agarre, volteos, presiones en puntos vitales y torsión de miembros y nervios dio lugar a lo que se vino a llamar TUITE. En kárate, en sentido general, los golpes de puño y de pie son empleados con aplicación de la fuerza directa contra el oponente , el Tuite en cambio , dirige la técnica aplicada, necesita menor esfuerzo de aplicación , no se conmociona con el choque de los golpes en el blanco y la aplicación de presión en puntos de dolor o vitales obtiene como resultado un poder combativo mayor y más eficaz.

    2º.- Uno de los objetivos que debe perseguir la práctica del kárate (basándonos en el principio de autodefensa y no agresión) es en primer lugar, el de evitar la confrontación. Pero si ello no es posible, y en base a lo que acabamos de decir, debemos intentar no causar en el oponente, un daño desproporcionado. El principio de no hacer daño se recoge en boca de varios grandes maestros:
    Según el Maestro Konishi “El verdadero arte del karate, consiste esencialmente en no golpear, no ser golpeado y no provocar”
    El maestro Funakoshi dijo: “Conseguir cien victorias en cien batallas no es el mejor resultado. Lo es, en cambio, conseguir vencer al enemigo sin combatir”.
Pero para poder conseguir esto se requiere utilizar unas técnicas en las que el oponente no sufra un daño permanente, a menos que la situación lo requiera., simplemente el hecho de hacerlo desistir de su agresión sería suficiente.  En esta línea de pensamiento, el kárate tradicional y sobre todo el moderno no nos proporciona las herramientas necesarias para dicho cometido ya que básicamente los ataques o contraataques se limitan a los atemis con los cuales en mayor o menor medida provocamos en nuestro oponente un daño más o menos grave para poder inutilizarlo.  Sin embargo, desde la perspectiva del kárate clásico, disponemos de unas series de acciones superiores de autodefensa que mediante su utilización nos permiten incluso llegar a controlar al oponente aplicando simplemente una refinada técnica de control que no produce daño permanente y que simplemente causa dolor para el caso de que el oponente se resista a nuestra inmovilización.  Un ejemplo claro lo tenemos en las técnicas que utiliza la policía en sus actuaciones,  en las que de una manera rápida y eficaz deben detener, reducir y trasladar a un sospechoso, con el menor daño posible.
      Las técnicas contenidas en las katas de origen antiguo (las que se practicaban hasta, más o menos, finales del siglo XVIII) se iniciaban con un Atemi o con un golpe preciso de Tui-Te (golpes precisos sobre puntos vitales) y se continuaban con una técnica de Kansetsu waza. Estas acciones son una forma superior de autodefensa que se realizan con la finalidad de conseguir que el atacante desista de su acción agresiva. Son, en realidad, técnicas disuasorias que, paradójicamente, protegen al agresor sin provocarle daño por impacto directo, sino solamente dolor articular transitorio.

3º.- El kárate, debe poder ser utilizado con eficacia por cualquier individuo, indistintamente del sexo o constitución física que posea. Si partimos de la base de que el Kárate se ha desarrollado como un forma de combate efectiva para cualquier edad y condición, por lógica ha tenido que incorporar en sus esquemas técnicos la forma de serlo. Es por ello que el conocimiento de los puntos sensibles del cuerpo humano y sobre todo la aplicación correcta de una técnica ajustada a cada uno de ellos, dota al karateca (sea quien sea el que lo practique) de una herramienta de defensa personal que se vuelve indispensable. No es en vano que el kárate proviene de China y que por lo tanto, existan en las katas un trabajo ”oculto” de estos ataques a puntos de presión. Las técnicas así ejecutadas no tienen defensa , pues no es posible endurecer las terminales nerviosas que transmiten el dolor.
 
4º.-  La afirmación tan reiterada de los antiguos maestros de “un kata, una vida” produce en nuestra mentalidad occidental una seria contradicción.  El mismo Kenstu Yabu decía “Hacer un kata 10.000 veces al año”
Sabemos que los antiguos maestros practicaban un número muy limitado de katas. ¿Es por ello que dichos maestros no disponían de un repertorio suficientemente amplio de técnicas que utilizar y nosotros, practicantes que conocemos un amplio abanico de katas, sí?. ¿Qué sentido le podemos dar a esto?
La única explicación es que la lectura literal o superficial del kata no es más que “la punta del iceberg”. Si disponemos de las “claves” de lectura adecuada, podemos con el mismo gesto técnico o combinación de gestos, abrir un amplio abanico de posibilidades en cuanto a aplicaciones se refiere.
         Sensei Kenji Tokitsu decía: ”El kata era importante para un adepto porque podía aprender las variantes técnicas escondidas o disimuladas. Un gesto contenía en sí mismo decenas de variantes”.
Conocer un kata significaba comprender y dominar esa complejidad. Por eso un solo kata era suficiente y su conocimiento profundo (lo que conlleva dedicarle muchos años) es el que facilita el descubrimiento de innumerables aplicaciones de las mismas técnicas.. El adepto no encontraba el interés del kata practicándolo de una manera fija, sino que el progreso del adepto se producía por su estudio profundo ayudado del maestro que le abría los ojos sobre las técnicas subyacentes. Podría decirse: En el kata se efectúan las formas más condensadas y simplificadas. “Debes ejecutar cada uno de los pasajes de manera diferente. Tienes que encontrar la sutilidad con la cual cambiar el ángulo del cuerpo; esto es lo esencial del combate. Pero no tienes necesidad de experimentarlo en la ejecución del kata. El kata es un hueso, sus conocimientos forman tu carne. Alimenta bien tu carne sin mostrárselo a los demás”.

5º.- Lo que no hay duda alguna es del origen Chino de los katas. No existen la constancia de que los okinawenses ejecutaran alguna de dichas formas antes de que éstas les fueran enseñadas por los chinos. Estando el origen de los katas en china, lógicamente es de pensar que en ellas se contienen cantidad de técnicas originarias de los estilos chinos y que los primeros maestros de kárate hayan incluido en los katas aquellas técnicas originarias que aprendieron o le fueron enseñadas. Es por ello que en los katas se deben de condensar, “ocultas”, innumerables técnicas que a simple vista no vemos.
          Esta afirmación ya la han recogido los autores Hermenegildo Camps y Santiago Cerezo en su “Estudio técnico comparado de los katas de karate”. En dicho trabajo, los autores diferencian dos tipos de katas: los tradicionales y los originales o koshiki. Estas últimas con origen anterior al s. XIX, en los taos chinos.
     Consecuentemente, los primeros maestros trabajaban de forma que debían conocer no solo los bunkais evidentes, sino también los que aparecen ocultos entre las secuencias del kata. Es decir “que debían ser capaces de desentrañar el código del kata”.    

 6º.- Nakayama, subrayó la importancia de la práctica de las katas y añadió que con el progresar del estudio , las técnicas ejecutadas en el kata debían de ser aplicadas en el combate. Afirmación muy cierta pero irrealizable, pues todos los que amamos este arte marcial sabemos que la simple aplicación literal de las técnicas contenidas en los katas no es suficiente para desarrollar con eficacia un combate. Tiene que existir algo más. Ese más está contenido en la explicación que le da a las técnicas el Kárate clásico.

2.- La  verdad que esconden sus técnicas.

En este capítulo nos vamos a centrar en ver la diferencia existente entre la explicación que le da a una misma técnica el kárate tradicional y el kárate clásico y para ello vamos a analizar, por coger una entre tantas, una de las técnica más usadas en las katas, el shuto-uke, generalmente interpretada en el kárate tradicional como una defensa a un ataque de puño. Pero ¿cuántas veces se ha realizado dicha defensa durante el kumite de competición o bien en una situación real de defensa personal? La respuesta es que prácticamente nunca. ¿Es por eso el shuto una técnica inútil?. Y si fuera así ¿por qué motivo está tan obsesivamente presente en la mayor parte de las katas?. Y las katas, como bien se sabe, no son inútiles. La respuesta correcta podría ser que no hemos comprendido el significado real de la técnica.
    Comparemos la aplicación según la interpretación del kárate tradicional y del kárate clásico:

En el kárate tradicional, el primer movimiento de shuto uke es explicado como una fase de carga de la extremidad empleada en la defensa, en preparación de la técnica final de parada.  Pero ya en este punto nos encontramos frente a una dificultad aplicativa. Supongamos que el atacante y el defensor se encuentran a distancia muy próxima e inician las respectivas técnicas simultáneamente y con igual velocidad: el puño alcanzará el blanco cuando el shuto uke está todavía en la fase de carga. Supongamos que el defensor haya conseguido, omitiendo la carga, o bien partiendo de una distancia mayor, aplicar el shuto uke con éxito ¿Qué resultado habría obtenido?. El atacante estará de nuevo preparado y aún más determinado a lanzar un nuevo ataque y quizás otro todavía, hasta que consiga vencer las defensas y golpear definitivamente al defensor. Precisamente porque en el combate real limitarse a desviar un ataque significa aguardar  ser atacados nuevamente. Lo que en las katas parecen meramene paradas o bloqueos, son en realidad acciones ofensivas-defensivas que no dejan tiempo ni capacidad al atacante de repetir sus ataques.

En el kárate clásico, el primer movimiento de shuto uke, es explicado como una intercepción del ataque golpeando el antebrazo. En este caso caben dos variantes:

La primera sería la de que la mano que se extiende y que despues realiza el hikite sería la que intercepta el brazo atacante, mientras que la mano que se sube simplemente se prepara para la acción siguiente.
La segunda, y la mejor, sería una combinación en la que la mano que sube a la cabeza, en su movimiento de subida es la que bloquea el brazo atacante, mientras que la mano  que se extiende simultanearía un ataque de nukite (a los ojos, p.ej) o teisho (base de la nariz, p.ej.). He aquí en un solo gesto lo que se comentaba de las técnicas ocultas y el trabajo a puntos de presión.
El siguiente movimiento o de descarga que en el kárate tradicional se interpreta  como bloqueo de la técnica de ataque. En el kárate clásico la interpretamos como que la mano que ha efectuado el ataque directo a la cara, agarra la muñeca de la extremidad atacante y la tira hacia atrás de tal forma que se hace la técnica más potente, siendo la mano abierta que subimos previamente en la fase de carga la que realiza el ataque final y mortal en la zona del cuello donde existen puntos de presión críticos como el seno carotideo y el cartílago faríngeo, perfectamente vulnerables ante un ataque cortante de mano abierta.

Todo esto permite comprender la potencialidad real ofensiva del shuto uke y el motivo por el cual lo encontramos tan frecuentemente en las katas y que nos enseña la gran diferencia de interpretación que nos da el kárate tradicional del clásico.

Parecida lectura podríamos hacer del uchi uke, soto uke, gedan-barai, etc.

Existe, como vemos, dos interpretaciones posibles de las técnicas del kata, una

-    interpretación convencional o tradicional en donde en la aplicación de la técnica se utiliza unicamente la parte final de la misma.
-    Interpretación clásica en donde en la aplicación  de la ténica se utilizan todas sus fases.

Se nos abre aquí un mundo desconocido en el que podemos interpretar, sin necesidad de desvirtuar el gesto técnico, un sin fin de posibilidades en el que no solamente trabajemos con atemis, sino también utilizando proyecciones, luxaciones, estrangulaciones, etc.
Conociendo las claves que nos llevan a desengranar y descifrar las técnicas existentes en los katas, podemos desarrollar unos bunkais más reales y eficaces y no quedarse en una merca combinación de técnicas que realizadas por deportistas físicamente entrenados son espectaculares pero carecen a todas luces de realidad y efectividad.
    
Esto nos lleva directamente a relacionar dichas interpretaciones con los tipos de bunkais conocidos:
Onte Bunkai o Kihon Bunkai – aplicaciones técnicas básicas del Kata
Henka Bunkai o Dento Teki Bunkai - aplicaciones tradicionales del Kata     
Oyo Bunkai - variaciones de las aplicaciones del Kata
El primero y el segundo, son tipos de bunkai en donde las técnicas reciben la interpretación que les da el kárate tradicional. Sin embargo, es en el oyo bunkai donde podemos  ver aplicadas las claves del kárate clásico y el que buscaban los antiguos maestros cuando decían que había que entrenar un kata durante un montón de años para conocerla bien a través de sus variaciones posibles.

3.- La razón de su desconocimiento

1º.- Los prejuicios étnicos

Los habitantes de Okinawa han sufrido durante su  historia la brutal invasión de  dos pueblos. El primero el japonés que si bien hoy en día forma parte de Japón, en 1609 invadieron el archipiélago sometiendo a los habitantes de la isla. El segundo los americanos que  después de la II Guerra Mundial instauran un protectorado en la isla de Okinawa que dura hasta 1972. No es de extrañar que en ambos casos, los maestros okinawenses, recelosos de enseñar lo que sabían, mantuvieron más en secreto que nunca los conocimientos del arte, si bien, ante la curiosidad e interés de los soldados, le enseñaron la parte superficial del mismo, pero sin  suministrar la clave de lectura de las katas, dándoles interpretaciones improbables y casi ridículas de sus técnicas.

2º.- Motivaciones históricas

Cuando el maestro Anko Itosu decidió introduir el kárate en las escuelas de Okinawa, el arte presentado a los estudiantes tenía bien poco de marcial, ya que la idea era hacer las técnicas  originales más seguras para los jóvenes practicantes y evitar que algún estudiante poco disciplinado las pudiera usar indebidamente, evitando que fuesen aplicables a la realidad del combate. Estas enseñanzas así divulgadas, provocaron también que los estudiantes que luego se convertirían gradualmente en maestros divulgarían una serie de técnicas sin saber que habían aprendido una disciplina voluntariamente alterada y mutilida.
Itosu por eso creó las pinan (heian).
Primeramente para que el karate sea aceptado como disciplina escolar, es necesario que los inspectores de la educación nacional estén convencidos de su valor educativo y también que los padres de los alumnos lo aprueben. Por esto se tuvo que efectuar una reforma del karate clásico a fin que sus valores fueran comprensibles a los ojos de los no practicantes. Los inspectores debían ser convencidos de que el karate era una disciplina  eficaz como los modelos de referencia de la educación física de la época, lo que implicaba que no podía ser peligrosa para los alumnos. Por estos motivos, se hicieron cambios como por ejemplo las técnicas de mano abierta, fueon modificadas en su  mayor parte a puño cerrado, etc. los cuales fueron aceptándose en cadena por los maestros de Okinawa influidos por la incuestionable maestría y reputación del sensei Itosu. Muchos de aquellos alumnos llegaron a ser ellos mismos maestros, sin saber que habían aprendido una disciplina voluntariamente alterada y mutilada que había perdido notablemente la potencialidad lesiva.

3º.- La tradición en la enseñanza

Los maestros de Okinawa siguieron la tradición China, que es el origen de donde dichos maestros eleboraron el kárate. Dicha tradición consistía en que la enseñanza se daba siempre en secreto. La tendencia a no explicar demasiado detalladamente era un método adoptado por los maestros para impedir que las técnicas avanzadas cayeran en manos peligrosas. Los secretos eran las “claves” que permitían abrir las puertas de conceptos enseñados, voluntariamente erróneos,  siendo dichos secretos enseñados individualmente sólo a aquel alumno que había conseguido ganarse la confianza del maestro, pero nunca eran divulgados en una lección colectiva. De tal forma que la progresión en la enseñanza se escalonaba de la siguiente forma: SHODEN o enseñanza de base, CHUDEN o enseñanza intermedia y OKUDEN o enseñanza secreta. Shoden y Chuden estaban reservados a los discípulos externos, que muy a menudo representaban a los sucesores oficiales de la escuela. La enseñanza secreta Okuden, estaba servada al alumno que había sido elegido como discípulo interno.
Es por ello que dichos discípulos externos, una vez se convierten ellos mismos en maestros y comienzan a enseñar las técnicas pero no disponen de las claves de interpretación de las mismas.

4º.- Los diversos niveles de comprensión

Cuando se empieza en la práctica del Kárate y empezamos a conocer los katas, se tiende a tomar las indicaciones contenidas en ella al pide de la letra. Realizamos una interpretación iniciática. Habrá quien se contente con esta forma ordinaria de compresión y habrá también quien comenzará a pensar y a desarrollar una forma de conocimiento superior, partiendo de aquella ordinaria. Dicho conocimiento superior sobreviene en el karateca a partir de un largo camino de entrenamiento y estudio que de otra forma no es factible en el principiante.
Además, la relativa corta historia del karate, los daños producidos por la conflagración bélica (murieron muchos maestros) y la interrupción de la práctica del arte durante la misma explican la juventud de los nuevos instructores cuyos conocimientos eran incuestionablemente pobres e insuficientes.

5.- Mantener la dependencia de los creadores

Los más avanzados secretos de las artes marciales fueron mantenidos ocultos a los practicantes de Occidente. El objeto de este procedimiento de enseñanza era el de difundir masivamente el arte marcial , pero mantener la dependencia de los creadores , dado que los instructores occidentales eran de bajo nivel. También se les inculco a estos instructores una metodología de enseñanza basada en un verticalismo militar muy estricto y poco natural, no solo en el disciplinario trato con los alumnos, sino también en lo administrativo, de esta manera se aseguraban la continuidad y obediencia a las disposiciones que ellos dieran.